Javier la abrazó.
Al principio con cuidado.
Después con fuerza.
—No sé cuándo dejé de verte como mi madre y empecé a verte como la persona que hacía que nuestra vida funcionara.
Teresa cerró los ojos.
—Y yo no sé cuándo empecé a pensar que decir “no” me convertía en una mala madre.
Se separaron.
Beatriz observaba desde la puerta.
No se acercó.
Solo levantó una mano.
Teresa hizo lo mismo.
El coche arrancó.
Aquella vez Teresa sí miró por la ventanilla.
Pero no hacia atrás.
Miró la carretera.
Las primeras semanas en su nueva casa no fueron perfectas.
Algunas mañanas el silencio le recordaba demasiado a Manuel.
En ocasiones preparaba 2 tazas de café por costumbre y tenía que guardar una.
Otras noches encendía la televisión solo para escuchar voces.
Pero aquel silencio tenía una diferencia fundamental.
Le pertenecía.