Las cicatrices estaban pintadas con finas líneas doradas.
Una periodista le preguntó por qué.
Elena respondió:
—Porque durante mucho tiempo pensé que eran la parte de mí que debía esconder. Ahora son simplemente una parte de mí que sobrevivió.
La fotografía recorrió las redes sociales.
Miles de mujeres comenzaron a escribirle.
Algunas hablaban de parejas.
Otras de padres.
Otras de hermanos, jefes o instituciones que les habían pedido silencio “por el bien de todos”.
Elena leyó los mensajes durante semanas.
Hasta que una noche entró en el despacho de Adrián con 2 carpetas.
—Quiero crear algo.
—¿Una empresa?
—Una fundación.
Adrián cerró el portátil.
—Cuéntame.
—Asistencia jurídica, terapia y alojamiento temporal. Especialmente para personas atrapadas en familias poderosas que utilizan dinero, prestigio o contactos para mantenerlas calladas.
Adrián sonrió.
—¿Cuánto necesitas?
Elena negó con la cabeza.
—Esa es exactamente la pregunta que no quiero que me hagas.