Gonzalo Valdés no era médico. Era empresario, presidente durante décadas de una fundación sanitaria privada que financiaba investigación, becas y tratamientos para familias con pocos recursos. Al menos, esa era la versión pública.
En las fotografías de prensa aparecía siempre junto a Beatriz, su esposa, impecablemente vestida, sonriendo en cenas benéficas y subastas.
La familia perfecta.
El hijo brillante.
La hija discreta.
Adrián contrató un despacho forense externo, pero dejó algo claro desde el principio:
—No quiero una investigación para hundir a tu familia. Quiero saber qué pasó. Si aparece algo relacionado contigo, tú decides qué hacer.
Elena asintió.
Aquella diferencia parecía pequeña, pero para ella lo cambiaba todo.
Durante su infancia nadie le había permitido elegir.
2 semanas después llegó el primer informe.
No contenía solamente documentos sobre Elena.
Había facturas.
Transferencias.