Le acaricié el cabello.
—No tienes que hacer felices a las personas que te lastiman.
Permanecimos abrazadas hasta que se quedó dormida.
Aquella noche comprendí que recuperar dinero no sería lo más difícil.
Lo más difícil sería devolverle a mi hija la tranquilidad que le habían quitado.
Dos semanas después, Gabriela me llamó.
—Laura, encontramos algo.
Fui inmediatamente a su despacho.
Sobre la mesa había varias copias certificadas de documentos públicos.
Gabriela señaló una escritura.
—La propiedad de tu padre sí fue vendida. Pero no por la cantidad que Rodrigo te dijo.
La venta se había realizado por tres millones doscientos mil pesos.
Después de gastos y obligaciones documentadas, una parte importante del dinero había sido transferida a una cuenta que necesitábamos investigar.
—¿De quién era esa cuenta?
Gabriela respiró profundamente.
—Aparece vinculada con una empresa de Rodrigo y Teresa.