—Si estás viendo esto, seguramente ya estás más grande. Tal vez ya no recuerdes cómo jugábamos a construir castillos con las almohadas.
Mi padre soltó una pequeña carcajada.
—Pero yo nunca voy a olvidar cómo me abrazabas cuando llegaba a casa.
La imagen tembló ligeramente.
—Quiero decirte algo importante, Camila. Hay personas que van a intentar convencerte de que tienes que ser perfecta para merecer amor.
Hizo una pausa.
—No les creas.
Las lágrimas comenzaron a rodar por mis mejillas.
—No necesitas sacar dieces en todas las materias. No necesitas ser la niña más obediente del mundo. No necesitas hacer felices a todos.
Su voz se quebró.
—Solamente necesitas ser tú.
Entonces miró directamente a la cámara.
—Y si algún día alguien te hace sentir que tu nacimiento fue un error, recuerda esto.
Mi padre respiró profundamente.