—¿Entonces por mi culpa compró mexicano?
—No por tu culpa. Gracias a ti tuve tiempo de elegir mejor.
Diego apareció desde la cocina.
—Entonces Mateo tenía razón.
Valeria asintió.
—En todo.
—Díselo tú. Lleva dos días preguntándome y le prometí que no le adelantaría nada.
El martes siguiente, Valeria volvió a El Andén.
Mateo estaba en la mesa del fondo practicando kanji cuando el mesero le avisó que alguien preguntaba por él.
Valeria lo esperaba en la misma mesa junto a la ventana.
—¿Otra vez la están engañando? —preguntó Mateo.
—Por ahora no. Vine a comprarte un pastel.
Cuando llegó la rebanada de chocolate, Valeria cumplió su promesa.
—Tenías razón. Sergio cambió una traducción para que yo pagara de más y él recibiera una parte. No firmé.
Mateo bajó la cuchara.
—¿Entonces los japoneses son malos?
Valeria tardó un momento en responder.