Diego confesó que temía que un día Valeria se cansara de su mundo.
Ella también explotó.
—Y yo tengo miedo de que tú nunca veas a Valeria, solo veas mi dinero y te mantengas lejos para demostrar que no lo necesitas. No quiero que me admiren ni que me teman. Quiero que me quieran.
Pasaron tres días sin hablar.
Entonces Mateo llamó a Valeria.
Su escuela haría un festival. Él daría un discurso de cinco minutos en japonés sobre Tokio.
—¿Va a ir?
—Voy a ir. Te lo prometo.
Diez días antes del festival, Valeria recibió una invitación a una recepción empresarial decisiva. De esa reunión podía depender la expansión de Casa Fresca a otro estado.
Era el mismo sábado.
El festival empezaba a las cinco.
La recepción, a las seis.
Diego vio la invitación por accidente.