Sobre cuidar de alguien incluso cuando ya sabes que no podrás estar a su lado.
Mateo guardó una mano en el bolsillo de la vieja chaqueta verde.
Ya no le quedaba tan grande como antes.
A unos metros, Elena, Héctor y varias personas lo estaban esperando para volver dentro.
Mateo los miró.
Durante meses había repetido que ya no tenía familia.
Ahora comprendía que quizá había usado una definición demasiado pequeña.
Caminó hacia ellos.
El reloj continuó avanzando.
Y Mateo también.
Porque todavía tenía cosas por hacer.
Y, gracias a su abuelo, sabía exactamente por dónde empezar.