llama Lía.
Me quedé sin aire. Lía era el nombre que yo había elegido para nuestra segunda hija, la bebé que perdí en el embarazo hacía nueve años.
—Lucía, hay
algo de ese embarazo que nunca te dije. Nos dijeron que nuestra hija había muerto. Pero encontré documentos que indican que nació viva. Y creo que el Proyecto Alba sabe dónde está.
Mateo entró pálido, con el teléfono en la mano. En la pantalla había una foto: una niña de ocho años, pelo castaño, ojos verdes, y una sonrisa idéntica