A veces una familia no se rompe cuando aparece una verdad escondida. A veces esa verdad revela a alguien que también necesitaba ser amado.
Sin embargo, todavía faltaba la parte más dolorosa.
La noche anterior al inicio de la preparación para el trasplante, Daniel me pidió que me quedara a solas con él.
Tenía una pequeña caja sobre la mesa.
—Laura, necesito darte esto.
Dentro había once sobres.
Cada uno llevaba escrito un año de nuestro matrimonio.
—¿Qué es?
—Cartas.
Lo miré confundida.
—Empecé a escribirlas cuando recibí el diagnóstico. Pensé que quizá no tendría oportunidad de contarte todo lo que significaste para mí.
Tomé el primer sobre.
Decía:
“Para Laura, por el año en que nos conocimos”.
El segundo:
“Por nuestra primera casa”.
El tercero:
“Por el día en que supimos que seríamos padres”.
Y así hasta el último.