—Yo quería proteger lo que había construido.
—Usted quería poseerlo todo.
Levantó los ojos.
—Cuando estaba en ese pozo, pensé mucho en Mateo.
Sentí que el corazón se me encogía.
—No utilice otra vez su nombre para justificar lo que hizo.
—No intento justificarme —respondió—. Recuerdo que la última noche me llamó para decirme que no iba a permitir la venta. Yo lo insulté. Le dije que ya no era mi hijo si seguía poniéndose en mi contra.
Se quedó callado.
Después añadió:
—Nunca pude pedirle perdón.
Lo miré durante varios segundos.
—Mateo ya no puede escucharlo. Ana tampoco. Y yo no vine a perdonarlo.
Víctor comenzó a temblar.
—¿Algún día podré ver a mi nieto?
Me levanté.
—Mi hijo crecerá sabiendo que tuvo un padre que intentó proteger el trabajo de muchas familias y una doctora que entregó su vida para salvarlo. No voy a permitir que usted convierta esa historia en otra oportunidad para manipularnos.