Habíamos reunido a más de cien familiares para celebrar nuestros 25 años juntos cuando la novia de mi hijo preguntó inocentemente: “Señor, ¿su esposa sigue internada?”. Mi marido soltó mi cintura y respondió: “Te equivocaste de persona”. Yo terminé la fiesta sin decir nada. Días después encontré una fotografía escondida en su Biblia, y lo que decía detrás me llevó a investigar su primera boda.

PARTE 1

—Señor Roberto, ¿cómo sigue su esposa de Guadalajara? ¿Ya se recuperó de la neumonía? La última vez que la cuidé estaba muy delicada.

Mi esposo se quedó inmóvil.

Acabábamos de celebrar nuestros 25 años de matrimonio frente a más de cien familiares y amigos. Nuestro hijo había organizado una fiesta preciosa, con música, flores y un pastel de tres pisos.

Y ahora su novia, una muchacha de 22 años, acababa de preguntarle a mi marido por otra esposa.

Roberto tenía una copa en la mano y el brazo alrededor de mi cintura. Sentí cómo sus músculos se endurecieron.

—Creo que me estás confundiendo con alguien, Daniela —respondió tranquilamente.

Pero la muchacha frunció el ceño.

—¿No es usted Roberto Mendoza? ¿El esposo de la señora Adriana, del Centro Los Olivos?

La sonrisa de Roberto desapareció durante un segundo.

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