—No tiene que agradecerme.
—Sí tengo. Y también puedo seguir molesta porque me mintió.
—También tiene razón en eso.
—Bien.
No hubo promesa romántica.
No era el momento.
Andrés tenía sus propios intereses en la operación financiera relacionada con los Arenas y Mariana no quería que su divorcio terminara mezclado con favores empresariales.
Así que puso una condición.
—Todo lo que tenga que ver con Diego, sus terrenos o sus negocios se queda separado de mí.
—Completamente.
—Y si vuelve a decirme que se llama Adrián, lo dejo hablando solo.
Andrés asintió.
—Entendido.
En las semanas siguientes, la vida de Mariana no se convirtió mágicamente en algo sencillo.
Tuvo consultas médicas por el embarazo.
Tuvo que descansar más de lo que quería.
Renata empezó a despertarse algunas noches preguntando si las escaleras podían volver a lastimar a su mamá.