La Caída de Mariana Reveló un Secreto Que Nadie Esperaba en el Juzgado-aurelle

Mariana lo dejó claro en cuanto todos volvieron al asunto que la había llevado al juzgado.

El video fue entregado para incorporarlo por la vía correspondiente.

Andrés dio su versión como testigo del empujón y de lo ocurrido inmediatamente después.

Renata no tuvo que repetir cada detalle delante de todos.

Mariana insistió en mantenerla fuera de cualquier confrontación innecesaria.

Diego intentó hablar con Mariana a solas antes de salir.

Ella se negó.

—Lo que tengas que decirme puede esperar a que yo decida cuándo escucharlo.

—Paulina está asustada.

Mariana lo miró sin comprender por qué esperaba que esa frase cambiara algo.

—Yo también tuve miedo mientras caía.

Diego apretó la mandíbula.

—No fue mi mano.

—No.

Mariana esperó.

—Pero tampoco fue tu mano la que bajó a ayudarme.

Eso fue lo que Diego no pudo discutir.

El video mostraba a Paulina empujando.

También mostraba a Diego mirando.

Durante días había intentado convertir ese segundo en algo pequeño porque aceptar su inmovilidad significaba reconocer algo más profundo que una infidelidad.

Había dejado de proteger a la familia que todavía llamaba suya.

—No sé qué quieres que haga —dijo.

Mariana acomodó una mano sobre su vientre.

—Por primera vez, no quiero que hagas nada para convencerme.

Se fue con Renata.

Andrés caminó detrás de ellas hasta la salida, pero se detuvo antes de alcanzarlas.

Mariana lo notó.

—¿No viene?

—No sabía si quería que lo hiciera.

—Eso debió preguntarlo desde el principio, señor Robles.

—Tiene razón.

Renata se acercó a él.

—Todavía me debe una explicación por los zapatos de mantenimiento.

Andrés miró sus zapatos, ya limpios pero marcados por el agua de aquella primera tarde.

—Creo que perdí ese caso.

—Sí.

Mariana dejó escapar una risa breve.

Era la primera vez desde la caída que algo en el juzgado no le parecía una amenaza.

Pero tampoco confundió gratitud con confianza inmediata.

Antes de subir al auto que las llevaría a casa, se volvió hacia Andrés.

—Gracias por guardar la carpeta y por conseguir el video.

—No tiene que agradecerme.

—Sí tengo. Y también puedo seguir molesta porque me mintió.

—También tiene razón en eso.

—Bien.

No hubo promesa romántica.

No era el momento.

Andrés tenía sus propios intereses en la operación financiera relacionada con los Arenas y Mariana no quería que su divorcio terminara mezclado con favores empresariales.

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