Severiano la miró con dureza.
—No sabes lo que estás provocando.
—Sé exactamente lo que estoy dejando de hacer.
—¿Qué cosa?
—De obedecerte.
Severiano respiró por la nariz.
Luego hizo algo que Jacinta no esperaba.
Admitió una parte.
—Sí vi el cuero aquel día.
Ella no respondió.
—Tomás estaba borracho muchas veces. No podíamos detener todo por una teoría suya.
—Acabas de decir que viste el corte.
—Vi cuero roto.
—Y después aseguraste que la cincha había reventado por vieja.
Severiano apartó la mirada.
—Era lo más probable.
—No para Tomás.
—Tomás no entiende lo que estaba en juego.
Ahí estuvo el error.
No dijo ‘lo que creíamos’.
Dijo ‘lo que estaba en juego’.
Jacinta dio un paso hacia él.
—¿Qué estaba en juego?
Severiano se quedó inmóvil.
Durante meses había controlado cada conversación imponiendo una respuesta antes de que ella pudiera formular la pregunta.