Meses después, la resolución patrimonial reconoció la parte que Jacinta podía acreditar por su participación y por los bienes vinculados a su matrimonio, mientras los movimientos discutidos quedaron sujetos a revisión.
La hacienda no se convirtió mágicamente en un premio completo para ella.
Hubo parcelas y bienes que tuvieron que separarse.
Hubo ganado que se vendió para cubrir obligaciones.
Hubo cosas que Jacinta perdió.
Pero nadie volvió a decirle que era una invitada que se había quedado demasiado tiempo.
Ella tampoco necesitó conservar cada metro de tierra para saber que había dejado de ser expulsada de su propia historia.
Gabriel permaneció cerca durante todo ese proceso sin convertir su ayuda en una deuda.
Una mañana, meses después, llegó con la misma excusa torpe de siempre.
Traía una bisagra nueva.
Jacinta salió al patio y levantó una ceja.
—Esa puerta ya tiene bisagra.