La Cincha Cortada Que Cambió El Destino De Jacinta Salazar Para Siempre-lbsuong

Gabriel miró la pieza en su mano.

—Entonces compré de más.

Ella soltó una risa pequeña.

Era una de las primeras que él le escuchaba desde que la conocía.

—Don Gabriel.

—¿Sí?

Jacinta miró hacia la cerca donde tantas veces lo había visto detenerse sin atreverse a cruzar.

—Hace meses le dije que no sabía qué esperaba encontrar aquí.

—Lo recuerdo.

—También le dije que soy viuda.

Gabriel bajó la bisagra.

—Y yo sigo sin querer batirme en duelo con nadie.

Jacinta lo miró sorprendida.

Él sonrió.

—Perdón. Fue una broma mala.

—Muy mala.

—Puedo irme.

—No dije eso.

Gabriel esperó.

Jacinta abrió el portón.

No como quien necesitaba que alguien viniera a salvarla.

No como la viuda a la que un hombre ofrecía otra casa, otro apellido o una salida fácil.

Lo abrió porque ahora podía decidir quién entraba.

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