Rompí a llorar.
Mi padre había muerto convencido de que su hija estaría protegida.
Y yo había permitido que un hombre utilizara mi amor para hacerme dudar de mí misma.
Pero ya no.
Con la documentación reunida, nos dirigimos al despacho de Patricia Mendoza.
Sobre su escritorio había varias carpetas, copias de documentos y un informe preliminar.
—He pasado buena parte de la noche revisando esto —me dijo—. Y hay una pregunta que debemos responder: ¿quién preparó el documento que lleva tu firma?
Me mostró una copia.
Allí estaba mi nombre.
La firma se parecía a la mía, pero había detalles extraños en los trazos.
También aparecía una fecha: el mismo día en que había dado a luz.
—Yo no firmé esto —dije inmediatamente.
—Eso es importante. Tendremos que solicitar las comprobaciones correspondientes. No podemos declarar que existe una falsificación únicamente por una diferencia visual, pero hay motivos suficientes para investigar.