Nunca había sido suya.
Guardó la fotografía junto a los documentos.
—Seguimos.
Tomás no intentó decidir por ella.
Dos días después alcanzaron un puesto rural sin nombre en las estribaciones.
Tomás entregó los documentos sellados, los mapas y la hoja con los nombres.
No hubo ceremonia.
Nadie lo felicitó.
Un hombre revisó los sellos, hizo preguntas breves y comenzó a copiar las rutas antes de enviar avisos hacia otros puntos.
Elena permaneció junto a la puerta hasta que Tomás le pidió una cosa.
—La hoja de tu padre te pertenece tanto como a este expediente. Decide tú.
Elena la sostuvo durante varios segundos.
Luego separó la fotografía.
—La hoja se queda.
—¿Segura?
—Sí. Su nombre no necesita estar escondido en un cuaderno para que yo lo recuerde.
Fue ella quien puso el documento sobre la mesa.
En las semanas siguientes, varios pasos que Los Cuervos usaban quedaron vigilados y sus compradores dejaron de encontrarlos en los lugares habituales.