Jacinto explicó que semanas atrás Beatriz le había dicho que tenía una muchacha que debía casar rápido y una deuda que quería cubrir.
Él creyó que sólo buscaba a alguien capaz de pagar.
Ahora entendía que Beatriz ya había vendido información sobre el apellido Salvatierra y después había usado a Tomás para cobrar otra vez.
No había vendido a Elena porque supiera que Tomás era un monstruo.
La había usado porque sabía que su apellido podía obligarlo a intervenir.
Era peor de una manera distinta.
Elena no lloró.
Sacó de la bolsa la fotografía de su padre y la observó un momento.
Toda su vida Beatriz le había repetido que debía agradecer el techo, la comida y los años de manutención.
Ahora Elena veía la deuda de otra forma.