Aquella reacción fue más clara que cualquier confesión.
—Usted conocía a mi padre.
Tomás no respondió de inmediato.
—Tomás.
Esta vez Elena no estaba preguntando.
Jacinto bajó la mirada hacia el cuaderno abierto y reconoció el papel que sobresalía de la camisa de Tomás.
—¿Todavía tienes eso?
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Elena giró hacia él.
—¿Tú también sabes qué es?
Tomás sacó la hoja lentamente.
Ya no tenía sentido ocultarla.
La colocó sobre la mesa y alisó con dos dedos los dobleces viejos.
El sello era el mismo que Elena había visto en los documentos bajo el piso, pero aquella página no contenía mapas.
Era una relación de nombres, lugares de paso y fechas escritas años atrás.
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Tomás señaló una línea.
Elena reconoció de inmediato el apellido Salvatierra.
Sintió que se le cerraba la garganta.