Ella lo pidió.
Nos reunimos en un parque.
—No espero que me perdones.
—Bien.
Pareció sorprendida.
—Quiero decirte que al principio yo odiaba tus fotos.
—¿Mis fotos?
—Rodney tenía una en su cartera.
Tú con los niños.
Me sentí enferma.
—¿Por qué?
—Porque tú tenías la vida que yo pensé que él podría haber construido conmigo.
—Mientras fingías ser yo.
—Sí.
Judith bajó la mirada.
—Con los años dejó de sentirse como venganza.
Se convirtió en costumbre.
—Eso no lo mejora.
—No.
—¿Amabas a Rodney?
Pensó.
—Una parte de mí amó la versión de él que existía cuando éramos jóvenes.
—¿Ahora?
—No.
—Entonces ¿por qué la mano en su brazo?
Sonrió con tristeza.
—Cuarenta años de costumbre.
Lo entendí más de lo que quería.
Rodney y yo también teníamos miles.
Una taza colocada a cierta hora.