Pasé la noche en vela, sentada al borde de la cama junto a Sofía, velando su sueño mientras la lluvia golpeaba rítmicamente los cristales coloniales.
A las seis de la mañana desperté a mi hija con un beso en la frente. La vestí con su uniforme escolar limpio que siempre llevaba de repuesto en el maletero del coche. Desayunamos pan tostado con mantequilla y chocolate caliente que nos preparó la cocinera de don Ernesto, y a las siete en punto, el abogado ya tenía listos los escritos iniciales de denuncia con sellos de urgencia prejudicial.
—Firmado aquí, aquí y aquí, Mariana —indicó el jurista con precisión militar—. Mis pasantes van a radicar la carpeta de investigación a las nueve en punto en la Fiscalía Anticorrupción y Delitos Patrimoniales. Además, solicitaremos el embargo precautorio inmediato de las cuentas bancarias de tu madre, de Fernanda y de los bienes mancomunados que tenga con su marido para garantizar la reparación del daño.