—¿Tu estilo de vida, hermanita? —le espeté con una voz que retumbó en las cuatro paredes del local—. ¿Te refieres a la camioneta blanca que tienes estacionada en doble fila en la puerta de este negocio? ¿O a las joyas de oro que traes puestas? Porque según los registros bancarios de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores que ya están anexados a la carpeta de investigación número 418/2026, la mensualidad de ese coche se paga mediante transferencias directas desde la cuenta de ahorros para la orfandad de mi hija Sofía.
Ricardo agarró a Fernanda del brazo con una fuerza desesperada, tirando de ella hacia atrás. El hombre estaba bañado en un sudor frío que le empapaba el cuello de la camisa.
—Mariana... baja la voz, por el amor de Dios —susurró Ricardo, cambiando drásticamente el tono amenazante por una súplica vergonzosa—. Esto no se arregla en una panadería pública. Vamos a sentarnos a una cafetería privada, con calma. Podemos revisar los números, podemos llegar a un acuerdo económico extrajudicial razonable...