El aire se volvió irrespirable en la cocina. Me acerqué a la mesa, apoyando ambas manos sobre la madera para no tambalearme.
—¿Qué le hicieron a mi papá? —pregunté, sintiendo que la sangre me hervía en las sienes.
—Le cambiaron los medicamentos —confesó Ricardo con un hilo de voz, bajando la cabeza avergonzado—. No lo mataron directamente, pero le suspendieron los broncodilatadores y las nebulizaciones nocturnas para acelerar su declive. Tu madre no quería que llegara lúcido al juzgado a cambiar el testamento. Esta grabadora la encontré hoy oculta en la caja fuerte de Fernanda; tu padre logró grabar una última conversación con tu madre en su lecho de muerte.
Tomé la grabadora con manos trémulas y presioné el botón de reproducción.
El chasquido de la cinta fue seguido por una respiración sibilante, entrecortada y agónica. Era la voz inconfundible de mi padre: