—Por eso. Pero también por lo que usted hizo con el tramo de arriba.
Wenceslao levantó la cabeza.
El ingeniero explicó que si el canal principal se llenaba de lama, el agua encontraba cada vez más resistencia para circular y el pequeño conducto recibía menos flujo. Altagracia había mantenido limpio su tramo durante meses sin saber que, al hacerlo, estaba permitiendo que aquella vieja conexión recibiera suficiente agua para mantenerse activa.
Las tilapias no habían creado el flujo.
Habían ayudado a conservar las condiciones que permitían verlo.
La diferencia parecía pequeña.
Pero cambiaba toda la historia.
Altagracia apoyó ambas manos sobre la vara.
Por primera vez desde que había comenzado aquel experimento, nadie podía resumir lo ocurrido diciendo simplemente que una viuda había tenido suerte.
Había observado.
Había probado.
Había mantenido limpio el tramo.
Y había descubierto una parte del sistema que todos habían dejado de mirar.
El ingeniero pidió seguir la conexión.
Avanzaron por la orilla del canal.
Cada pocos metros se detenían para comprobar el nivel.
La diferencia se hizo evidente.
Donde el agua encontraba obstáculos, bajaba con rapidez.
Donde el canal permanecía despejado, el flujo se sostenía por más tiempo.
Y debajo de una sección cubierta por maleza apareció otra conexión de piedra.
Después otra.
No era una sola abertura.
Era una pequeña red antigua que comunicaba distintos puntos del sistema.
Altagracia miró hacia el terreno de sus vecinos.
Ahora entendía por qué Refugio solía decir que aquellas zanjas tenían más historia de la que parecía.
Nunca había alcanzado a descubrirla completa.
Ella tampoco.
Hasta ese día.
Pero todavía faltaba una pregunta.
¿Por qué el tramo de Altagracia había resistido cuando los demás empezaban a quedarse secos?
El ingeniero tomó otra medición.
Luego otra.
Después pidió comparar el agua de tres puntos distintos.
El comisariado tuvo que aceptar algo que nadie había querido admitir durante meses: habían estado observando el problema desde arriba.
Habían mirado el nivel del agua.
Habían mirado la lama.
Habían mirado los peces.
Pero casi nadie había revisado las piedras.
Altagracia sí.
Porque llevaba años haciéndolo.
El ingeniero pidió que Wenceslao anotara las mediciones.