La Piedra Que Explicaba Por Qué El Canal De Altagracia Seguía Llevando Agua-lbsuong

El joven abrió su libreta.

Por primera vez, sus apuntes dejaron de ser una lista de razones para retirar los peces.

Ahora registraba los niveles de agua.

La profundidad.

La velocidad aproximada del flujo.

Y la ubicación de cada conexión antigua.

Deodoro permaneció detrás de ellos.

—Entonces los peces sí sirvieron —dijo.

El ingeniero respondió sin mirarlo.

—Sirvieron para una parte del problema.

Altagracia añadió:

—Pero no hicieron todo.

El hombre asintió.

Aquella precisión era importante.

Porque la solución no podía convertirse en otra historia exagerada.

No había milagro.

No había un animal capaz de resolver por sí solo una sequía.

Había una mujer que había observado un canal durante años, un sistema antiguo que estaba parcialmente obstruido y una decisión que había obligado a todos a mirar un lugar que daban por perdido.

La parte difícil todavía no terminaba.

El ingeniero pidió permiso para limpiar únicamente la abertura que habían encontrado.

El comisariado discutió unos minutos.

Algunos querían hacerlo de inmediato.

Otros querían esperar.

Altagracia permaneció callada hasta que le preguntaron qué pensaba.

—Si lo limpiamos, tenemos que saber qué estamos protegiendo —dijo.

El ingeniero la miró.

—Exactamente.

Así que no sacaron las piedras al azar.

Marcaron primero el recorrido.

Luego limpiaron el sedimento superficial.

Cada movimiento dejaba al descubierto un poco más de la estructura antigua.

Y entonces apareció algo que cambió otra vez la lectura del problema.

Una de las piedras tenía una pequeña marca hecha a mano.

No era una inscripción completa.

Era apenas una señal de referencia.

El ingeniero la fotografió.

Altagracia se quedó mirándola.

—Refugio hacía marcas así —dijo.

Todos voltearon.

Ella explicó que su esposo acostumbraba señalar ciertas piedras cuando encontraba un punto donde el agua cambiaba de dirección.

No sabía si aquella marca era de él.

Podía ser mucho más antigua.

Pero reconocía la manera de señalar el borde.

El ingeniero no quiso atribuirle la marca a nadie sin comprobarlo.

—Puede que sea anterior a su esposo —dijo—. Pero sirve como referencia.

Altagracia pasó los dedos cerca de la piedra sin tocarla.

No necesitaba que aquella marca perteneciera a Refugio.

Le bastaba con recordar que había pasado años caminando exactamente por allí junto a él.

El objeto que durante meses había usado para revisar el canal seguía en su mano.

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