Esperaban una explicación espectacular.
Recibieron algo más incómodo.
Una explicación que requería trabajo.
Había que retirar sedimentos.
Mantener libres ciertas conexiones.
Registrar los niveles.
Evitar que una sola persona decidiera los turnos sin revisar las condiciones reales de cada tramo.
Y, sobre todo, dejar de tratar las zanjas antiguas como si fueran simples surcos sin historia.
El comisariado convocó otra reunión.
Esta vez Altagracia no llevó un frasco de agua.
Llevó su vara.
La colocó junto a la mesa.
Wenceslao llevó su libreta.
El ingeniero llevó las mediciones.
Deodoro llegó tarde.
Nadie empezó hablando de las tilapias.
Eso fue lo primero que notó Altagracia.
La conversación comenzó con el agua.
Después pasó a las conexiones antiguas.
Luego a los turnos.
Y finalmente llegó al tramo de Altagracia.
Uno de los hombres preguntó si ella estaba dispuesta a permitir que revisaran la zanja completa.