No sabía si aquella marca era de él.
Podía ser mucho más antigua.
Pero reconocía la manera de señalar el borde.
El ingeniero no quiso atribuirle la marca a nadie sin comprobarlo.
—Puede que sea anterior a su esposo —dijo—. Pero sirve como referencia.
Altagracia pasó los dedos cerca de la piedra sin tocarla.
No necesitaba que aquella marca perteneciera a Refugio.
Le bastaba con recordar que había pasado años caminando exactamente por allí junto a él.
El objeto que durante meses había usado para revisar el canal seguía en su mano.
La misma vara.
La misma zanja.
Pero ahora ella estaba mirando el lugar de otra manera.
Durante los días siguientes, el ingeniero regresó varias veces para comparar las mediciones.
La lluvia seguía siendo escasa.
El calor continuaba.
Los otros canales no recuperaron mágicamente sus niveles.
Eso fue lo que más sorprendió a algunos.