Para Olivia, aquella bolsa no necesitaba verse nueva para tener valor.
Solo necesitaba seguir cumpliendo su función.
Uno de los bebés empezó a llorar.
Olivia se inclinó para cargarlo, pero George ya había extendido los brazos.
—Yo puedo.
—Con cuidado —advirtió ella.
—He criado a uno y sobrevivió.
Caleb soltó una risa.
—Ese argumento no es tan sólido como crees.
Mientras George caminaba despacio por la sala con el bebé contra el pecho, Olivia observó a Caleb.
—Hay algo que nunca le pregunté.
—¿Qué cosa?
—¿Por qué se detuvo aquel día?
Caleb pensó que la respuesta era obvia.
Porque la había reconocido.
Porque había tres bebés.
Porque cualquiera se habría detenido.
Pero recordó a todas las personas que probablemente habían pasado cerca del banco antes que ellos.
Recordó también que él mismo había pasado junto a Olivia durante tres años sin verla realmente.