Después se acabaron los ahorros.
Luego llegó el atraso.
Después el aviso para dejar la vivienda.
Caleb apretó la libreta entre los dedos.
—Aun así pudiste decírmelo.
Olivia lo miró durante varios segundos.
—No estaba segura.
—¿De qué?
Ella apartó la vista.
—De que usted quisiera saberlo.
Aquella frase le cayó a Caleb de una manera extraña porque no podía defenderse diciendo que era injusta.
Durante tres años había tratado a Olivia correctamente.
Le pagaba puntualmente.
Nunca le gritaba.
Nunca le había negado el salario acordado.
Incluso se consideraba un buen empleador.
Pero mientras revisaba mentalmente todas sus conversaciones con ella, descubrió algo incómodo: casi ninguna había durado más de dos minutos.
Buenos días, Olivia.
La cocina necesita atención.
Voy a tener una reunión.
Puedes cerrar al salir.
Gracias.
Hasta la próxima semana.
Había confundido ausencia de maltrato con cercanía.