Después, descanso.
El médico pidió que no intentaran compensar meses de descuido con una cena enorme y que las niñas fueran atendidas con calma.
Alejandro obedeció cada indicación.
Se sentó con ellas mientras comían porciones sencillas y tibias.
Renata fue la primera en pedir más.
Lo hizo casi en secreto.
—¿Puedo?
Alejandro acercó el plato.
—Claro.
Renata tomó un pedazo pequeño.
Luego miró hacia la puerta.
Vanessa ya no estaba ahí.
Entonces tomó otro.
Sofía tardó más.
Durante varios minutos guardó parte de su comida dentro de una servilleta.
Alejandro fingió no verlo hasta que ella intentó esconderla debajo de la manga.
—No tienes que guardarla —le dijo.
Sofía se quedó quieta.
—Es para después.
—Después habrá más.
La niña lo estudió.
—¿Seguro?
Alejandro no pudo prometerle que jamás volvería a fallar.
Ya había aprendido el peligro de las promesas fáciles.