Así que le ofreció algo más concreto.
—Cuando tengas hambre, me lo vas a decir. Y yo te voy a escuchar.
Sofía dejó la servilleta sobre la mesa.
No fue un gesto enorme.
Para Alejandro, lo fue.
Mientras tanto, Vanessa empacaba algunas pertenencias bajo supervisión.
Intentó hablar con él dos veces a solas.
Alejandro se negó.
No quería otra conversación donde ella pudiera convertir los hechos en sentimientos, los sentimientos en reproches y los reproches en una discusión sobre quién había sufrido más.
Adrián tampoco salió limpio de aquella noche.
Reconoció que había utilizado el acceso que Vanessa le consiguió y que había colaborado en compras y movimientos que Alejandro nunca había autorizado personalmente.
Insistió en que ella le había asegurado que todo estaba permitido.
El abogado se limitó a registrar esa versión y a separar el asunto económico de lo que estaba ocurriendo con las niñas.