La fiesta ya se había deshecho.
Algunos invitados buscaban sus abrigos.
Otros evitaban mirar hacia el comedor.
Vanessa permanecía cerca de la mesa principal.
Ya no estaba bailando.
—¿Terminaste con tu espectáculo? —preguntó cuando lo vio regresar.
Alejandro dejó las pantuflas sobre la mesa, junto al plato con pan mohoso.
La diferencia entre ambos objetos resultaba imposible de ignorar.
—Explícame esto.
Vanessa miró las pantuflas.
—No sé qué quieres que explique.
—Las compré hace cuatro meses.
Ella cruzó los brazos.
—Entonces deberías recordar que compras demasiadas cosas.
—Mis hijas estaban descalzas.
—Porque nunca cuidan nada.
Alejandro la observó.
Durante meses había escuchado versiones parecidas sin darse cuenta.
Que las niñas rompían juguetes.
Que rechazaban la comida.
Que las niñeras no aguantaban su comportamiento.
Que lloraban porque estaban consentidas.
Cada explicación aislada había parecido posible.
Juntas formaban otra cosa.