Las Huellas Que Llegaron Hasta La Casa De Jacinta Y Baltasar-lbsuong

Primero cerró el portón de los animales, revisó las ventanas y llevó hasta la cocina un pequeño saco de harina que había quedado afuera.

Después puso agua a calentar.

—¿Eso es todo? —preguntó Jacinta, incapaz de ocultar el miedo.

—No.
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Fue al establo y regresó con una pala corta.

—Pero ellos quieren que haga algo apresurado.

Jacinta lo siguió hasta el borde del terreno, donde las pisadas se perdían entre piedras y agujas secas de pino.

Baltasar le mostró algo que ella no había notado.

Los tres hombres habían llegado hasta un punto desde donde podían ver la casa, pero no se habían acercado a la puerta.

Habían observado.

Luego habían retrocedido.
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—No vinieron a hablar —dijo Jacinta.

—Todavía no.

Ella pensó en Eusebio contando monedas detrás del mostrador, en Ramona midiendo con los ojos cualquier cosa que pudiera venderse y en Elisa riéndose mientras imaginaba su vida en aquella montaña como un castigo.

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