Le Dio Un Riñón A Su Esposo Y Él Volvió A Una Casa Que Ya No Existía

—Ahora no es momento —dijo.

Rita cruzó los brazos.

—Para ti nunca es momento.

—Acabo de salir del hospital.

—Y yo llevo dos años esperando.

La frase quedó entre ellos.

Dos años.

Teresa bajó la mirada, incómoda, y decidió regresar a su casa.

Víctor se quedó frente a las ruinas con una mujer que acababa de confirmar, sin querer, exactamente aquello que Ana había escuchado detrás del biombo verde.

Esa tarde intentó localizarla seis veces.

Ana respondió a la séptima.

—¿Qué hiciste? —preguntó Víctor.

Ella tardó un momento en contestar.

—Salí de mi casa.

—Sabes de qué estoy hablando.

—Sí.

—La casa se quemó.

—Lo sé.

—Y tú te habías llevado tus cosas.

Ana miró la maleta junto a la pared.

—Me llevé una maleta.

—Qué casualidad.

Entonces Ana comprendió que Víctor había elegido una acusación antes que una disculpa.

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