Le Dio Un Riñón A Su Esposo Y Él Volvió A Una Casa Que Ya No Existía

Pero había una diferencia importante: ya no permitiría que Víctor transformara también aquella pérdida en una deuda que ella tuviera que pagar.

Cuando finalmente aceptó verlo, eligió encontrarse de día, cerca de la propiedad, donde ambos podían hablar sin volver a entrar en lo que quedaba de la casa.

Víctor llegó solo.

Rita no estaba con él.

Parecía más cansado que cuando Ana lo había visto dormido en el hospital.

—Se fue —dijo antes de que Ana preguntara.

Ella entendió de quién hablaba.

No respondió.

—Dice que la engañé.

Ana lo miró.

—Lo hiciste.

Víctor apretó los labios.

—Sabes a qué me refiero.

—Perfectamente.

Durante años Ana había completado sus frases, suavizado sus errores y buscado la interpretación que menos lo perjudicara.

Esta vez dejó que las palabras fueran exactamente lo que eran.

Víctor sacó del bolsillo el anillo.

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