Mordieron el anzuelo.
—Creen que buscas recuperar tus cinco millones y desaparecer —me explicó Tomás.
—Que sigan creyéndolo.
Tres grupos de inversionistas afectados presentaron una demanda conjunta. Eso permitió que un auditor forense independiente revisara la documentación y tuviera motivos legítimos para asistir a la gala.
Rodrigo preparaba su noche de triunfo.
Nosotros preparábamos otra cosa.
La tarde anterior al evento recibí un mensaje de una abogada que no conocía.
Representaba a Daniela.
Mi hija había ido voluntariamente a la Fiscalía acompañada por su propia defensora.
No me preguntó qué debía decir.
No me pidió que la salvara.
Entregó las contraseñas, los mensajes con Mauricio, los documentos que había firmado y explicó cada mentira que había creído.
Cuando Arturo leyó el mensaje, sólo dijo:
—Por fin tomó una decisión sola.
La noche de la gala me puse un traje azul que Elena me había regalado al cumplir cincuenta.