Descubrió empresas relacionadas entre sí, ganancias que circulaban sin explicación y movimientos que no coincidían con los reportes entregados a clientes.
Había investigado en silencio mientras luchaba contra el cáncer.
La USB contenía copias, fotografías y un nombre:
Patricia Salgado, excontadora general del Grupo Alcántara.
La llamé.
—Me manda Elena Mendoza.
Patricia guardó silencio varios segundos.
Luego dijo:
—Llevo seis años esperando esa llamada.
Esa misma noche nos envió sus archivos.
Arturo y yo los cruzamos con la información de Elena.
Once empresas.
Cuatro bancos.
Decenas de inversionistas.
Dinero nuevo utilizado para simular rendimientos de clientes antiguos.
Y tres compañías supuestamente administradas por una consultora llamada RM Asesores.
RM eran mis iniciales.
Había contratos falsificados con mi firma, correos que nunca escribí y honorarios que nunca recibí.
Si el fraude explotaba, todo apuntaría hacia mí.
Entonces encontramos el documento que explicaba por qué Mauricio se había casado con mi hija.