No pudo responder.
Segundos después, las máquinas comenzaron a sonar.
Una enfermera me apartó.
Los médicos entraron.
Yo permanecí contra la pared con mi teléfono en una mano y aquella llave en la otra.
Elena murió poco después.
Su hijo no estuvo allí.
Yo sí.
Firmé los documentos.
Avisé a sus amigas.
Elegí una urna sencilla porque Elena detestaba las cosas ostentosas.
Organicé el funeral.
Y mientras Andrés disfrutaba quién sabía en qué playa con quién sabía qué mujer, yo me ocupé de despedir a su madre.
Ahora, escuchándolo fingir que estaba en una reunión, ya no sentía rabia.
Sentía cansancio.
“Tu madre murió anoche a las 11:47.”
Del otro lado no se oyó nada.
“¿Qué?”
“Murió mientras yo le sostenía la mano.”
“Valeria… ¿por qué no me avisaste?”
Miré la urna.
“Te llamé 30 veces.”
Silencio.