—¿Está diciendo que falsificó mi firma? —pregunté.
Octavio respondió con cautela.
—Existen firmas que deberán verificarse. No podemos llegar a esa conclusión sin un análisis pericial.
Sentí una mezcla de rabia y tristeza.
Mi esposo no solo me había engañado sentimentalmente.
También podía haberme ocultado información patrimonial durante años.
Tomé la memoria USB.
—¿Qué contiene?
—Mercedes dejó una grabación para usted.
El abogado me permitió utilizar una computadora de la sala.
Conecté la memoria.
Había un único archivo de video.
Lo abrí.
Mi suegra apareció sentada en su habitación.
Llevaba una blusa azul y tenía una manta sobre las piernas.
Su rostro estaba cansado.
Pero sus ojos conservaban aquella firmeza que siempre la caracterizó.
—Rosa Elena, hija mía…
Al escuchar su voz, comencé a llorar.
—Si estás viendo esto, significa que llegó el momento de que sepas la verdad.