—No lo hizo.
Una lágrima recorrió su mejilla.
—Rosa Elena, quiero que entiendas algo. No tienes que quedarte con mi hijo por mí. Yo te quiero como a una hija, pero no deseo que sigas viviendo sin respeto.
Me derrumbé sobre la mesa.
La grabación continuó.
—También preparé mi testamento. La casa que heredé de mis padres y mis ahorros serán distribuidos conforme a mis últimas voluntades. El licenciado Octavio te explicará lo que te corresponda.
Mercedes sonrió débilmente.
—No quiero comprarte el cariño con una herencia. Quiero agradecerte por todos los años que estuviste a mi lado.
Su voz se quebró.
—Fuiste tú quien me sostuvo la mano cuando tenía miedo. Tú quien me llevó al médico. Tú quien me escuchó cuando me sentía sola.
Hizo una pausa larga.
—Y ahora quiero que hagas algo por mí.
Me acerqué a la pantalla.