—Gracias por avisarme, Paty.
—Está tocando todas las puertas. Parece muy alterado.
Suspiré.
—No tienes que darle información sobre mí.
—No te preocupes, hija.
Colgué.
Minutos después mi teléfono comenzó a sonar.
Julián.
Lo dejé sonar.
Volvió a llamar.
Una vez.
Cinco.
Diez.
Quince.
Finalmente recibí un mensaje.
"¿QUÉ SIGNIFICA ESTO? ¿DÓNDE ESTÁS?"
Después otro.
"¿POR QUÉ HAY PAPELES DE DIVORCIO EN LA MESA?"
Y finalmente:
"¿DÓNDE ESTÁ MI MADRE?"
Sentí que el corazón se me encogía.
Por un instante recordé al hombre con quien me había casado.
Al joven que me llevaba flores cuando apenas tenía dinero para pagar la renta.
Al esposo que alguna vez me prometió que envejeceríamos juntos.
Pero entonces recordé las treinta llamadas.
El hospital.
La mano fría de Mercedes.
Y las risas de Daniela al otro lado del teléfono.