Me quité el anillo de bodas.
Lo observé durante unos segundos.
Veinte años.
Veinte años de promesas.
De sacrificios.
De esperanzas.
Lo dejé sobre los papeles.
Y salí de aquella casa sin mirar atrás.
Pero Julián todavía no sabía que su madre había muerto.
Y cuando finalmente regresó de sus vacaciones con Daniela, encontró algo que jamás imaginó.
No solo había perdido a su esposa.
También estaba a punto de descubrir que su madre había dejado una declaración capaz de poner en duda el control que ejercía sobre su empresa.
CAPÍTULO 4: EL REGRESO DEL HOMBRE QUE LO HABÍA PERDIDO TODO
Julián regresó a Guadalajara cuatro días después de que yo abandonara la casa.
Lo supe porque nuestra antigua vecina, Patricia, me llamó.
—Rosa Elena, tu esposo llegó hace unos minutos.
Yo estaba hospedada temporalmente en un departamento pequeño.