No había motivo para atribuirle malas intenciones.
Era una niña.
Una pequeña que quizás estaba asustada y no sabía cómo salir de aquella situación.
También pensé en lo que habría ocurrido si yo hubiera abierto la puerta.
No podía saberlo con certeza.
Pero los hechos investigados demostraban que existía un riesgo que yo no había advertido al principio.
La advertencia del operador había sido fundamental.
No porque aquella niña fuera peligrosa.
Sino porque había un adulto utilizando su presencia para acercarse a las viviendas.
La noticia que recibí semanas después
Pasaron varias semanas antes de que volviera a saber algo del caso.
Una mañana, Laura Medina me llamó.
Me explicó que la investigación había avanzado y que las autoridades estaban tomando las medidas correspondientes.
No podía contarme todos los detalles.