En algunas casas, las personas habían llamado a la policía antes de hacerlo.
En otras, simplemente habían hablado desde las ventanas.
Los investigadores todavía estaban determinando si existían otros participantes y qué había ocurrido exactamente en cada domicilio.
—¿Y la niña? —pregunté—. ¿Sabía lo que estaba haciendo?
Laura me miró con tristeza.
—Es importante recordar que un menor puede seguir instrucciones de un adulto sin comprender completamente las consecuencias. Por eso nuestra prioridad es su protección.
Aquella respuesta me acompañó durante mucho tiempo.
El detalle que no había comprendido
Durante días me pregunté por qué la niña había permanecido tan tranquila en el jardín.
Por qué no lloraba.
Por qué repetía que necesitaba entrar.
Y por qué parecía mirar hacia los árboles antes de hablar.
Con el tiempo comprendí que su comportamiento podía haber sido el resultado de instrucciones recibidas.