Sentí un escalofrío.
Tomé el teléfono y llamé a la policía.
—Hay una niña pequeña en mi jardín —expliqué—. Está sola y son más de las tres de la mañana.
El operador me pidió mi dirección.
Después escuché cómo hablaba brevemente con otra persona.
Cuando volvió a comunicarse conmigo, su tono había cambiado.
—Señora, necesito que me escuche con mucha atención. No abra la puerta bajo ninguna circunstancia.
Me quedé sorprendida.
—Pero es una niña. ¿Está desaparecida?
Hubo una pausa.
Después el hombre respondió en voz baja:
—Señora, esa no es la primera casa donde aparece esta noche. Y necesitamos saber si alguien más está con usted.
Miré nuevamente hacia el jardín.
La niña seguía allí.
Pero ahora estaba sonriendo.
Y detrás de ella, entre las sombras de los árboles, creí distinguir el movimiento de una segunda persona.
La primera noche que pasaba sola después de muchos años