Ya no sostenía el oso contra su pecho.
Lo había dejado sobre el suelo.
Y estaba señalando nuevamente la puerta.
Las otras casas
—Señor, ¿qué ocurrió en las otras viviendas? —pregunté.
El operador tardó unos segundos en responder.
—En una casa, la niña llamó al timbre. En otra, apareció junto a una ventana. Las personas que nos llamaron describieron la misma ropa y el mismo juguete.
Sentí un escalofrío.
—¿Y qué pasó después?
—En al menos uno de los domicilios, los vecinos observaron a un adulto merodeando cerca de la propiedad.
Miré hacia la calle.
No distinguía ningún vehículo.
Solo veía los árboles moviéndose ligeramente con el viento.
—¿Cree que alguien la está utilizando para entrar en las casas?
—Es una posibilidad que estamos investigando. No se acerque a la entrada y no confronte a nadie.
Me apoyé contra la pared.