Durante toda mi vida había pensado que, si encontraba a un niño solo y aparentemente desamparado, lo correcto sería abrirle la puerta inmediatamente.
Pero ahora comprendía que había otra manera de ayudar.
Podía mantenerme dentro de mi casa y esperar a las autoridades.
La niña necesitaba protección.
Y yo también.
El hombre que apareció detrás del limonero
Mientras hablaba por teléfono, escuché un sonido proveniente del jardín.
Era el ruido de unas ramas.
Me acerqué apenas a la ventana.
La niña había dado unos pasos hacia la entrada.
Entonces vi algo que me dejó sin respiración.
Detrás del limonero había una figura.
Un hombre.
Llevaba una chaqueta oscura y una gorra.
Permanecía parcialmente oculto entre las sombras.
No podía verle bien el rostro.
Pero estaba mirando hacia mi casa.
—Hay alguien más —susurré.