Llegó a una cita a ciegas con su bebé en brazos, y todos esperaban que aquel hombre se marchara...

No podía saberlo entonces.

Pero aquella niña terminaría llamándome papá.

Aquella mujer agotada terminaría convirtiéndose en mi esposa.

Y aquel sábado aparentemente incómodo se convertiría en el día en que finalmente encontré todo aquello que llevaba décadas intentando conseguir en los lugares equivocados.

La gente de las mesas cercanas pensó que yo iba a marcharme cuando vio entrar a Daniela con Sofía.

Yo también pensé durante unos segundos que quizá debía hacerlo.

Menos mal que no lo hice.

Porque a veces una vida entera puede cambiar cuando alguien coloca frente a ti una complicación inesperada…

y, por una vez, decides no huir de ella.

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